DOÑA MANOLITA

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Joaquin Sabina

Son muchos los madrileños que, sobre todo en Navidad, hacen cola para ver si Doña Manolita les saca de apuros. Los veo, cuando paso  por Sol, pacientes e ilusionados, esperando que les llegue su turno: el de Doña Manolita y el de la fortuna. Mi gran amigo Chumy Chumez me regaló un día una viñeta suya en la que uno de los personajes, típicamente chumiciano, le decía al otro que le miraba fijamente y le  escuchaba con evidente atención: “a mi no me parece mal que haya ricos y pobres, pero que se vayan turnando”. Chumy no era nada revolucionario, -a ver si algún día me decido a contar la  historia que yo conocí de este donostiarra inteligente y solitario- así que es probable que “confiara” irónicamente en Doña Manolita para darle la vuelta a la tortilla. Al menos, por un tiempo.

Unos fiaban su suerte a una o varias papeletas, otros querían creer que esta vez sí sería la ocasión que tanto esperaban, y otros simplemente seguían el mismo ritual de todos los años. Bien está, me decía yo, que los ciudadanos confíen en la suerte improbable comprando décimos en Sol pero que lo hagan sus dirigentes es para echarse a temblar. Denota falta de ideas, falta de confianza, falta de capacidad. Una ciudad como Madrid no puede cifrar su futuro en los números de un Casino, ni dejarlo al albur de una elección improbable. Madrid, como todas las grandes ciudades, necesita sueños, sí, pero no ensoñaciones, no engaños… Madrid tiene materia prima como para no fiar toda su suerte a un sorteo.  Y eso es lo que traté de decir en mi artículo:

RECUPERAR LA ALEGRÍA DE MADRID

Según un buen amigo de Bilbao, culto y perspicaz, lo que le pasa en estos momentos a Madrid es que le falta alegría. Venir a «madrileñar», me dice, era antes una gozada. La ciudad siempre asombraba por su desparpajo, su «naturalidad» y por la impresión que uno podía tener de que era una ciudad, sin complejos ni pretensiones, segura de sí misma. No había impostura ni afectación, solo la moderna diversidad de una gran urbe. Nada menos. Ahora, se atrevió a confesarme, la veía, nos veía, desorientados y un poco alelados después del fracaso de la malhadada Eurovegas y del sueño olímpico.

Me pongo de mal humor simplemente con recordar esos proyectos «estrella» que nunca debieron de serlo. ¿Pero qué falta le hace a Madrid esa especie de lotería de Doña Manolita para recuperar su vitalidad y su alegría? Me rebelo ante la falta de imaginación, de empuje y de ambición de nuestros dirigentes.

Lo saben bien mi mujer y mis amigos más cercanos: lo que más me hubiera gustado del mundo es ser alcalde de Madrid, mejor todavía cuando no había presidente de la Comunidad —y esto que voy a decir lo pongo entre paréntesis para no llamar demasiado la atención: ¿Para qué necesitamos dos cargos que, además, no se llevan siempre bien?—; pero ya se me ha pasado el arroz.

Por eso puedo decir —sin que se me interprete mal y también sin chulerías ni alardes nacionalistas, pues Madrid nunca ha sabido nada de esas cosas— que la sociedad civil madrileña tiene en estos momentos esa vitalidad y esa energía que echa en falta mi amigo de Bilbao.

Lo que Madrid necesita no son sueños ni loterías. Sólo hace falta abrir la puerta para que fluya naturalmente lo que nuestra ciudad tiene dentro de sí. Sólo con eso, pienso yo, se recuperaría la alegría de Madrid.

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8 pensamientos en “DOÑA MANOLITA

  1. Me gusta y mucho este comentario, pero lamentablemente estoy mas de acuerdo con el amigo de Bilbao. Hoy veo a los madrileños (me incluyo naturalmente) un tanto tristes y agobiados además de muy “planos”, como tantos otros de tantas otras ciudades, la globalización juega para mal en este sentido. Ahora bien, estoy contigo en cuanto a que no desespero sobre la capacidad de los madrileños para remontar la situación actual a poca chispa que nos apliquen.
    Lamentablemente llevamos demasiados años con gestores grises, planos y restrictivos. Totalmente de acuerdo en la pregunta sobre los dos cargos.
    Es curioso, pero en muchas ocasiones echo en falta cosas tan simples como por ejemplo terminar una velada después de cenar, sentados en la terraza de una cafetería en la calle charlando tranquilamente con amigos hasta las primeras horas de la madrugada sin mas problema que el disfrute de los buenos conversadores, eran tiempos mucho mas duros en todos los sentidos pero las ganas de vivir sobresalían por encima de lo que fuese… hoy creo que es la gran perdida: nos han “homologado” y lo peor… parece que lo aceptamos.

      • Esta ciudad, que hace unos años era más divertida, está dormida. He estado unos días en Berlín, y ni el frío puede con la vitalidad de esos alemanes que han construido, con trabajo, y también con imaginación, una gran ciudad desde las ruinas. Barcelona se come a Madrid. Los datos del tráfico de Barajas, el número de pecnortaciones en los hoteles, la falta de imaginación en programas cosas nuevas o dar a conocer las que se hacen lleva a esta ciudad al aburrimiento y a dormirse amigo Antonio. Y con más de medio millón de parados, la gente se agarra a Doña Manolita o a su santa madre. Publico una historia en vozpopuli.com en la que la un empresario habla de que los políticos madrileños son una catástrofe. Dice de que durante todo su mandato como presidente de una asociación lo único que han hecho ha sido fastidiarle y aburrido se va.

  2. Antonio, me ha encantado el artculo. No s si sabrs que hacemos tambin aqu la revista Historia de Madrid, otro empeo contra los elementos. Y me gustara incluirlo en algn sitio, citndote claro, como reivindicacin de la Alegra de Madrid que tanta falta nos hace

    Dime qu te parece, y si habra algn problema con ABC, no me gustara que se enfadaran

    Un fuerte abrazo,

    Miguel Tbar Prez

    http://www.edicioneslalibreria.es

    http://www.edicioneselsenderista.es

    http://www.revistamadridhistorico.es

    http://www.temporae.es

    _____

  3. Antonio:
    Hace años que Doña Manolita no está en Sol pero no importa, muchos la recordaremos en Sol. Yo la recuerdo bastante por una copla que cantaba Concha Piquer y que dice así (solo dos estrofas):
    Y en el filo de la aurora
    desde Sol a Chamberí
    nadie sabe porque llora
    pregonando un quince mil.
    Cuatro series, que bonitas,
    voy tirando los caudales,
    Son de Doña Manolita ¿Quien me compra esta penita?
    mañana, mañana sale.
    Un abrazo
    Vicente Ortega

    • !Que copla tan boníta Vicente!, De haberla conocido la hubiera puesto como cita.
      Gracias por seguir el blog.
      Ah, perdona, creo que Doña Manolita sigue en Sol, alli veo yo las largas colas. de las que hablo en mi entrada.
      Pero lo mismo no es Doña manolita; me enteraré.
      Un abrazo y no te olvides de quwe tenems una cita pensidente.
      antonio

  4. Antonio, confieso que ,como tú, el único cargo político que me podría gustar ocupar alguna vez es ser alcalde, pero en mi caso, de San Esteban. Siempre me ha parecido que los alcaldes tienen una gran capacidad de hacer algo realmente beneficioso para la ciudad; la personalidad y capacidad de gestión de un buen alcalde se reconoce inmediatamente en la propia ciudad y además no sé por qué me da la impresión ( quizá equivocada) que siempre son gente más independiente de sus partidos.
    Quiero aprovechar este foro además para hablar bien de los alcaldes. Siempre que hablamos de políticos, pensamos en el concejal corrupto, el ministro incompetente o el alto cargo trepa, pero nunca de todos los alcaldes de pueblos pequeños de este país, que se han peleado por conseguir asfaltar las calles, hacer un polideportivo, un centro médico, con mil viajes a Madrid, a Soria ( hablo de lo que conozco) a Valladolid, etc. Pagando en muchos casos de su bolsillo y desde luego quitando tiempo a sus negocios.Mi padre lo fue de San Esteban y sé de lo que hablo.
    Y qué decir, de los concejales del PSOE del PP en el País Vasco.
    Tengo un amigo que dice que la desconfianza es la inteligencia de los necios. A lo mejor no estaría de más en este país, que todos habláramos más de todos la gente que hemos conocido , y conocemos, trabajando en la administración que han hecho y hacen bien su trabajo y son honestos. Me aburre la desconfianza general que existe en este país. En muchos injustificada. Además de inútil. Y si no eres desconfiada, además eres una pardilla. Bueno, pues soy una pardilla. Pero no pienso perder tiempo en hablar mal de los políticos.
    un abrazo,
    Teresa

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